Historias de nuestros mundo

La magia de la diversidad

Por Mayú Sidi

GHALIA
A la vera del atardecer siempre venía a mi puerta y sin entrar chillaba «tía Ghalia, ¿tienes la comida del ganado lista? Y cuando regresaba del viaje dejaba el bol del pasto vacío en la puerta sin avisarme e iba corriendo a jugar al beisbol en el llano del vecindario. Cuando caía el sol, antes del rezo del anochecer, volvía el pequeño acompañado de sus amigos y sin entrar en casa chillaba… «tía Ghalia, tía Gahalia, ¿tienes agua?» mis ojos se emocionaban al escuchar aquella petición y la gratitud de aquellos mozuelos saciaban mi hogar. Tan solo Dios puede otorgar tal bendición a un alma anciana que sus manos manos son huérfanas de familia.

BERNARD
Cuando Bernard recogía los últimos montículos de algodón de la jornada para trasladarlos a la gran granja, reflexionaba en absoluto silencio… serán abrigos para los inviernos de los pupilos. Será una…

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